Nos fuimos a New York City

Nos fuimos a New York City

febrero 9, 2015 7 Por Veronica Blume

Poco se puede decir de New York que no esté más que dicho.  Su nombre implica todo lo que es: grandeza, multitud de gentes, razas, colores, olores,inputs… es todo lo que dicen.. y mucho más. Aparte de la inevitable expresión constante de asombro y curiosidad, es un lugar que pone a prueba la capacidad de discernimiento de los que la visitamos.  La oferta es tan grande, pero tanto…que uno se ve constantemente tentado. Qué hacer? Qué comer? Qué comprar? Adonde ir?… un cúmulo de decisiones constantes que, bien llevadas, pueden abrir las puertas a un viaje sensorial único y genuinamente newyorquino.

Este ha sido un viaje muy especial. Un viaje por puro placer. Mi hijo de once años y yo, y seis días para explorar y explorarnos en un entorno que conocía bien, pero en unas circunstancias bien distintas.

Cuando cumplí 16 años me fuí a vivir a New York con un título surrealista de Supermodel of the World que me había ganado , sin saber cómo ni por qué, bajo el brazo. Se suponía que me había tocado el premio gordo de una lotería que en realidad ni quería jugar… o no sabía lo que conllevaba. La aventura duró 5 años, que me enriquecieron, me curtieron y me enseñaron un lado de la vida supuestamente madura que seguramente habría gestionado mejor si hubiera esperado unos añitos.

Sin entrar en demasiados detalles autobiográficos, quería hacer un post más bien fotográfico de un viaje que tanto mi hijo como yo guardaremos para siempre como un tesoro compartido. Él, desde su cabecita preadolescente alucinada con el mundo yankee, y yo, como un bálsamo sanador de una experiencia rocambolesca en mi propia adolescencia.

 

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Primer día… tenía que ir… La casa en la que viví durante mi primer año allí: el piso de la mítica Eileen Ford. Una auténtica escuela de señoritas, un lugar de encuentro con chicas de todo el mundo, igual de perdiditas que iban y venían. Era un lugar seguro, donde  me enseñaron a «comportarme como una chica bien», a alimentarme, a vestirme y a funcionar como una verdadera modelo de los años 90. Al encontrarme frente al portal, una mezcla de emociones, y gratitud de la perspectiva que da el paso del tiempo.

 

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HARLEM, un barrio renovado que años atrás ni se me habría pasado por la cabeza visitar. Vida de barrio, casitas encantadoras y toda la riqueza que aportan las mezclas de culturas.

 

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El maravilloso MEATPACKING DISTRICT , lleno de restaurantes y tiendas de lo más trendys en los que apetece perderse un día entero.

 

FRIO! Muchísimo frío! El invierno es duro pero hermoso, el frío, para mí, deja poco lugar para el glamour… capas y capas y mucho volumen incómodo en general. Mi truco: respirar… porque el frío me encoge, como si andar comprimida me ayudara a entrar en calor… pero la realidad es que cuando uno respira, y va bien abrigado, el mundo entero cambia… la nieve es preciosa, y el invierno tiene su magia particular. Aunque sigo firme en mi postura de amante del verano, del sol y de la playa.

 

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YOGA en la habitación del Hotel. Imprescindible para combatir el jet lag y para conectar con un lugar en mí desde el cual puedo disfrutar de tanta emoción junta con más equilibrio. Para hacer yoga no hace falta estar en un lugar especialmente diseñado para la causa. Ese lugar lo crea uno mismo. Mientras mi hijo dormía, el baño se convirtió en mi templo particular.

 

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Viajando se conoce a la gente. Es cierto. Incluso con un hijo que crees conocer mejor que a nadie. Salir de su entorno y perderse juntos es medicina pura, aparecen nuevos matices y se desvelan nuevos rasgos de la personalidad de cada uno. Viajar con un niño preadolescente es increiblemente divertido, amplía la visión de todo lo que veo y siento, es agotador, pero al mismo tiempo me hace más fuerte. Los niños nos enseñan nuestras posibilidades y nuestros límites, en todos los aspectos. New York es un lugar alucinante para ellos… y a través de su mirada… se amplía la nuestra. Os lo recomiendo!

 

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MUSEUM OF NATURAL HISTORY. Parada obligatoria para los más peques.Y para asombrarnos como niños recordando el planeta que habitamos.  Los museos tienen ese algo especial. El tiempo se detiene y la atención se focaliza. Éste es tan grande, que creo que harían falta un par de días para verlo todo. Muy recomendable: el planetario. Para sentirse enorme y muy muy pequeñita a la vez. Maravillosa naturaleza.

 

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Mi selfie con Marilyn.. I LOVE MOMA. El Museo de Arte Moderno. Si viviera allí de nuevo, me pasearía por allí mucho más a menudo. Para sumergirme en el repertorio increíble de artistas y obras que conocemos de toda la vida y están allí, esperando a ser visitadas. Es realmente emocionante. Hay que ser muy duro para no sentir el efecto de las obras más grandes. Emociona, remueve, despierta emociones inesperadas… Maravilloso el público también, con los mejores ejemplares de la sociedad «artsy» newyorquina. De película. Maravillosas señoras con sombreros excéntricos, señores bien vestidos, actitudes reflexivas y muy presentes. Un buen lugar para impregnarse de cultura y dejarse inspirar por formas distintas de vivir y expresar su persona.

 

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CENTRAL PARK. Lo que más le gustó a mi hijo. El gran pulmón del Big Apple. Paisajes nevados, idílicos, propios de unas vacaciones en el campo. Lugar para correr (y practicar running…. los americanos son unos cracks del running… qué energía! admirable… ), para ver perros felices con sus vestuarios invernales y encontrarse siempre con algún evento, alguna carrera, gente practicando tai chi o tocando algún  instrumento, incluso en la nieve. Cuando la ciudad se vuele too much, Central Park ofrece el espacio para dar rienda suelta a la versión más relajada  y sana de sus habitantes. Un soplo de aire fresco (gélido en éste caso) y un reset que carga las pilas de cualquiera. Todo un regalo.

 

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Último día.Un poco de nostalgia inevitable (me encanta la nostalgia, en el fondo )  Se cierra un capítulo y se abre otro nuevo, con ésta gran experiencia integrada. Conclusión: Habría que volver a New York cada tanto. Para inspirarse, para divertirse, para saltarse la dieta, darse un baño cultural y volver . Porque volver también es maravilloso….

 

THANK YOU NEW YORK!!